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La subsección de La Reina del Grimorio abarca temas relacionados con la Reina Mara Sov del Arrecife, los vendedores del Puesto de Vesta y otros aliados Insomnes.

La Reina[]

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«Soy también noble, oh, señor de los Lobos. La luz estelar fue mi madre, y mi padre la oscuridad».

La Reina de los insomnes es tan enigmática como el Arrecife que gobierna. Dicen que se ganó la corona por medios crueles y que gobierna la Casa de los Lobos tras haber derrotado a su anterior kell.

El crecimiento de la Ciudad apunta al final del aislamiento del Arrecife. La Reina ve esta nueva era como una oportunidad. Del mismo modo, la Ciudad debe recurrir a ella. Los insomnes del Arrecife llevan mucho tiempo en los límites conocidos y puede que sepan secretos de grandísima importancia. La Reina más que nadie.

Fragmento de Espectro: La Reina[]

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Durante un tiempo, las únicas luces eran los ojos de las sibilas que atendían la celda. Los zumbidos de las máquinas de almas emitían ecos por toda la prisión. Los gases crecían y se disipaban en las sombras.

Entonces entró ella. Se apresuraron a ocupar sus respectivos puestos en torno a ella, con metódica precisión.

—Han jubilado al sacerdote arconte, mi Reina —dijo la sibila de su derecha.

Lejos del trono y de sus espectadores, ella se movía con normalidad.

—¿Alguna noticia del primario Kaliks?

—Hay algo entre los Ananqués —dijo una voz detrás de ella. La Reina no se dio la vuelta.

Durante unos instantes de silencio, ella continuó caminando entre las celdas herméticas que encerraban a los nobles de la Casas de los Lobos, cortejada por sus sibilas.

—Más cuervos de tu hermano han entrado en las Calderas de Rea —dijo la sibila justo delante de ella con una voz rasposa—. A los Nueve no les gusta.

Se detuvo un momento para estudiar la cara sellada de una celda. El vaho de su respiración se mezclaba con la lenta espiración del dispositivo criogénico.

—Enviadles uno de nuestros premios. Algo con lo que conmemorar nuestra mutua victoria.

—¿Y qué prisioneros te gustaría regalarles?

Tras un instante de pausa, dijo:

—Enviadles a Skolas.

—Un regalo generoso.

—Mmm... —inclinó la cabeza como intentando escuchar los latidos de un corazón congelado—. Y recordadles una cosa: los cuervos son míos.

Fragmento de Espectro: La Reina 2[]

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«No tienes uno».

La cazadora se detuvo frente al trono y se irguió con su cara medio cubierta para encontrar la mirada del Príncipe.

«No», afirmó. «Mi próxima muerte será la última».

«Conozco esa sensación», dijo el Príncipe fríamente.

La Reina mantuvo el gesto con una distancia controlada. Se reclinó en su trono, con las piernas cruzadas, inspeccionando a las dos personas que se encontraban en la bases de los escalones. A su lado, donde solía estar la guardia de los Lobos, se encontraban las técnidas Shuro y Sedia, con su zumbido clásico. A su derecha muy cerca se encontraba el Príncipe, mirando hacia el frente pero con medio cuerpo girado hacia ella.

«Su majestad», dijo el hombre ante ella al inicio de las las escaleras. Su voz era suave pero firme. Cuando empezó a hablar, la cazadora se giró hacia él para inmediatamente retroceder, como si alguien apuntara con una luz brillante directamente a sus ojos.

«Gracias por tu gentil bienvenida», dijo.

La Reina inclinó ligeramente la cabeza.

«Antes de empezar», dijo la cazadora, «voy a decir algo». Hizo una pausa, su cabeza se ladeó hacia el trono. La Reina hizo una señal con la mano de consentimiento.

La cazadora apretó ligeramente sus labios para volver a un semblante frío después. «Su majestad», dijo. Shuro y Sedia se movieron, un crujido y susurro súbito. La Reina les pidió silencio con un movimiento de su mano. Los ojos de Uldren se entornaron pero no dijo nada. «No estoy aquí para ti».

La Reina observó a la cazadora, con su misma expresión calculada.

«No tengo ninguna intención de meterme en asuntos políticos. No tengo ninguna queja sobre la Ciudad, ya no. No tengo grandes esperanzas de terminar esta guerra. He sabido desde hace mucho que no la vería llegar. Estoy aquí por una batalla y solo una, porque es una batalla que todos debemos pelear, juntos o separados. Así que quiero avisar a los defensores, juntos o separados. Haré lo que sea», su voz tembló, «para acabar con Oryx».

Un gran silencio bañó la sala. La cazadora mantuvo su cabeza alta y su mirada hacia las sombras que producía la Reina mientras se reclinaba en su trono.

Entonces, una leve sonrisa asomó en los labios de la Reina. «Bien dicho». Se enderezó y se inclinó hacia adelante tocando así la luz su rostro.

«Acabemos con él».

El hermano de la Reina[]

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«No sacrificaré mi primogenitura a cambio de la seguridad».

Como confidente de la Reina, espía y brutal sicario, su hermano amasa un tremendo poder, especialmente al ser un varón en una sociedad matriarcal como es la del Arrecife. Informes recientes sugieren que la Reina y él difieren en asuntos estratégicos clave, aunque hace falta ver si esa diferencia de opinión es una fuente de conflicto o parte de la razón por la que la Reina lo valora tanto.




Fragmento de Espectro: El hermano de la Reina[]

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La máquina tenía alas y plumas, tan estilizadas y negras como su cuerpo. Pero las plumas eran ojos también, delicados y marcados, y oídos que reaccionaban ante cualquier sonido. El joven príncipe miró a la máquina, considerando el propósito de esta y el suyo propio. Y a continuación dijo:

—Tengo un trabajo para ti.

La obediencia formaba parte de su naturaleza, así que se detuvo.

—¿Señor de los cuervos?

—Vigila la puerta del Jardín Negro. Sigue a todo el que la atraviese.

—En nombre de tu hermana —prometió la máquina. Y se fue en busca de su cápsula de distorsión, justo cuando llegaba otra máquina. Esta última revoloteaba nerviosamente, como evadiendo a su amo.

El príncipe la cazó en el aire.

—¿Me estás evitando?

—Tengo órdenes de la Reina.

—Pero me sirves a mí —dijo, dejando que la máquina temblara descontenta durante un instante—. ¿Qué noticias tienes?

La máquina agitó las alas. El príncipe las acarició con un gesto seguro y calculado.

—¿Qué noticias tienes? —repitió—. ¿A quién le va a importar?

—El corazón se hace más fuerte —dijo el cuervo—. La transformación vex ha comenzado y la Progenie despierta.

El príncipe contempló la idea en silencio unos instantes y, acto seguido, estrujó al cuervo con su puño, envolviendo las alas para que no pudiera moverse. Sus movimientos eran rápidos, llenos de propósito.

Con la máquina en la mano, fue a ver a su hermana.

Estaba sola con sus guardias caídos, sentada, mirando por una ventana hacia el infinito. Manteniendo los ojos en el espacio, se dirigió a su hermano:

—¿Sí? ¿Qué pasa?

—Hay noticias nuevas —dijo, ofreciendo el cuervo en su mano—. Y creo que me he ganado el derecho a compartirlas.

Variks, el Leal[]

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Me llaman traidor. Creen que no escucho sus palabras. «Bicho». «Insecto». «Caído».

Las escucho. La Casa del Juicio siempre escucha. No hay otra opción. Debe hacerlo. Para mantener las Casas unidas. Tuvimos que hacerlo.

Primero, la gran máquina. Luego, el cielo desapareció. El Tornado acabó con el pasado. Adiós al honor, la esperanza. No es suficiente para el Juicio. No se puede apartar a los Lobos de los Reyes, a Cicatriz de Invierno. Finalmente se perdió en la batalla, por el odio.

Se fue Juicio. Otros asesinados, sacrificados, muertos. «Que los Eliksni se mantengan unidos» no pudo ser, por rabia y orgullo.

Viajé con muchas Casas antes que los Lobos. Nos movemos en la Oscuridad. Seguimos la Luz. Aconsejamos a kells, veneramos a los líderes. Casa del Juicio debe sobrevivir, ¿sí?

Encontró la Luz. Muy brillante en la Oscuridad como para esconderse. Casa del Invierno, ataca. Casa de los Demonios, conspira. Casa de los Reyes, planea. Casa de los Lobos, da vueltas. Casa del Juicio... espera.

Ahora hay guerra. Lucha por el sistema, el control del cinturón. El kell de los Lobos muerto, muriendo.

Skolas gana control de la Casa de los Lobos. Ataca, ataca, ataca. Lugar de aprendizaje, sanación, todo echado a perder. Luego, el asedio a Palas. Año cruel. Manteniendo la Casa para rescatar carniceros, asesinos, sirvientes. Termina con la flota de Lobos desperdigada.

Nuevas tácticas. Detonaciones. Explosiones en áreas civiles. Lleva la batalla hacia ellos, dijo. No se puede tolerar el odio. Levantamiento, lo llamaron. Levantamiento de Cibeles.

Contacta con los cuervos, con la Reina. El ataque a Cibeles ha parado. Skolas, capturado. Acabada la Casa de los Lobos con palabras.

Los paladines me encuentran escondido, a cubierto. Ningún sitio donde ir. Nadie en quien transformarme. Me convertí en Variks, el Leal. Emisario de la Casa del Juicio para la Reina de insomnes.

Sin elección. Casa del Juicio debe sobrevivir, ¿sí?

Petra Venj, la Ira de la Reina[]

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Para mi señora Mara Sov, Reina de los insomnes

Esta carta es un ruego, mi señora. Uno sencillo. Por favor deja que vuelva al hogar.

Han pasado años desde mi nombramiento como emisaria. Una vez, me enorgullecía llamarme corsaria a tu servicio. Mis hermanas y yo éramos la parte astuta de tu voluntad, volando por las estrellas para proteger el Arrecife.

Estar a tu servicio fue lo que me mantuvo cuerda cuando arrasaron Amatista. Perder a mis hermanas, toda mi vida, mientras ardía nuestra estación... se llevó algo de mí.

Gracias a ti, me fue devuelto.

Ascendiéndome y permitiendo que me vengara de los Lobos. Dejando que diera rienda suelta a mi furia en la batalla, en una batalla gloriosa. Yo sé, y seguro que tú también, que si no fuera por este nuevo enfoque que diste a mi vida, mi corazón se habría vuelto tóxico.

Fue el orgullo que tenía con mi cargo lo que me mantuvo firme durante la campaña hildiana. Eso me llevó a la victoria en la batalla contra Veliniks, «el kell olvidado», la última esperanza para los Lobos libres. Ahora sé que fue mi terco orgullo lo que me hundió.

Mi señora, te ofrezco de nuevo la única explicación que puedo: nunca imaginé que los guardianes se comportarían como lo hicieron. Lo que yo conozco es el estilo de los insomnes.

Los Lobos estaban atrincherados en ese valle. Las cercanías estaban bloqueadas, todas las líneas de avistamiento cubiertas. Un asalto a su posición era un suicidio. Habríamos perdido valiosas vidas de insomnes. Y para nada. Vi a los guardianes, sabía que estaban tomando posiciones, pero imaginé que habían visto la situación como nosotros. Fue un disparate llamar a los cuervos.

El batallón de ataque del Príncipe Uldren hizo un trabajo magistral. La explosión tuvo una precisión milimétrica. Las explosiones acabaron con los Lobos, con los guardianes y con sus Espectros. Tres equipos de asalto de guardianes, eliminados en un instante, bajo mi mando. La indignación de la Ciudad, la condena del Orador, todo merecido. Todo justo.

Pero hace ya años desde las guerras del Arrecife. La Ciudad, estas... personas. No son como nosotros. No conocen su lugar en el mundo. Y no me escuchan cuando se lo cuento.

Por favor, permíteme que vuelva al hogar con los míos.

Para servirte de nuevo.

Androides del Arrecife[]

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Muchos de los antiguos androides del Arrecife fueron rescatados de naves de carga venidas a menos hace cientos de años.

En la Ciudad, los androides fueron equipados con conocimientos y capacidades básicas, lo suficiente para imitar singularidades de la personalidad. Pero no en el Arrecife. Allí, los androides son considerados ordenadores con extremidades robóticas, ni más ni menos. Los criptarcas del Arrecife están centrados en almacenar y codificar todos los datos que contienen los androides y en borrar sus procesadores de forma regular.


Guardia real de los insomnes[]

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En todos los asuntos militares, los comandos de la Reina son llevados por sus paladines. Cuatro al mando de la armada real, incluidos los corsarios y la guardia de Vesta: Abra Zire, Kamala Rior, Hallam Fen y Leona Bryl. Dos al mando del ejército real, incluyendo las estaciones de combate del Arrecife y las instalaciones militares: Pavel Nolg and Devi Cassl.

La séptima paladina está al mando de la guardia real de los insomnes, cuya misión principal es salvaguardar a la Reina en cualquier asunto. Esto incluye amenazas no solo a su persona sino al Arrecife. Como tal, la guardia real de los insomnes trabaja en estrecha colaboración con el hermano de la Reina, el señor de los cuervos, el Príncipe Uldren Sov y cada miembro de la guardia está entrenado en espionaje y diplomacia así como en armas y combate mano a mano.

Maestro Ives, criptarca[]

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ANUNCIO PÚBLICO PARA GUARDIANES RECIÉN LLEGADOS:

POR FAVOR, TOMEN NOTA: Los criptarcas de la Torre operan bajo muchas creencias falsas.

Gracias a la consideración de la Reina, los criptarcas del Arrecife enseñarán la verdadera naturaleza de la encriptación, si así lo desean.

En tiempos antiguos, los terrícolas pensaban que solo había tres estados de la materia. Ahora sabemos que hay cuatro: sólido, líquido, gas y engrama. De estos, el engrama es el más puros estado de la materia.

El papel de la criptología es encriptar y proteger la infraestructura de información de las civilizaciones, y no desencriptar cualquier cosa para el primer carroñero de turno que encuentre un engrama.

El aquelarre[]

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En la víspera de la guerra.

La cámara estaba a oscuras. Las siete ya nunca se juntaban en la misma habitación, pero esta era la víspera de su mayor viaje, un plan que superó a la muerte y abarcó universos.

Todas estaban conectadas en trance, se comunicaban como hacían los antiguos. Hablar inclinaría su mano a las mentes de los heraldos que tenían aquí, trofeos de una guerra eterna, y armas en las manos adecuadas.

"Oryx podría matarla, si espera demasiado", manifestó Sedia a través del silencio, temerosa de lo que estaba por venir.

"Hace tiempo que juramos obedecer incluso para afrontar la derrota". Nascia despreciaba el miedo.

"Solo una derrota aquí y ahora. No allí y entonces". Illyn vagaba entre dos de los tres lados. El amuleto alrededor de su cuello la señalaba como la madre del aquelarre, y le otorgaba visiones más allá del velo, lugares a los que solo la Reina podía ir.

"Eso esperamos". Kalli buscaba hace tiempo el poder del amuleto, pero las techeun son entrenadas para no desear.

"Nuestra reina espera". Lissyl intentó poner punto final a los desafíos. Había poco tiempo y una guerra que librar.

"Así que ahora la decisión está cerca. Los heraldos, ¿cuáles preparar?". Shuro quería llevar todo esto a cabo. Se las enseñaba a mantener la emoción a raya.

"No podemos enviarlos a todos", recordó Portia.

"A todos salvo a uno, el más viejo. Este se quedará con nosotras. Sedia, Kalli, Shuro, tomad a los niños, decidle que se les pondrá en una cosa muerta para que tengan sus propios hijos". Un plan se ocultaba tras los ojos de Illyn, pero las techeun no comparten sus ojos con otras.

"¿Y si no son lo bastante sabios para el Acorazado?".

Illyn volvía a la fuente.

"Sedia, ¿es que no tienes fe en nuestra reina?".

Las secuelas[]

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«No temas, hermano. Esta fue la única elección que tuve».

El sonido de su voz lo despertó de su sueño. Se levantó de un salto, su nave seguía dentro de su esfera protectora. Intentó retirar el escudo, pero estaba bloqueado en su tiempo de iniciación. No recordaba haberlo activado. Entonces recordó la batalla. Aquella explosión.

Lo que la nave había disparado era antiguo, no se parecía a nada que las bibliotecas del origen hubieran intentado siquiera describir.

Trató de calmarse. Pensó en ella, buscando su presencia. No pudo encontrarla, pero no estaba tranquilo. Siempre le había dicho que estaría ahí, tras la calma.

Todo lo que podía oír eran los ecos de aquel sonido.

Comenzó tan pronto como llegaron al plano de anillos, resonando en el antiguo brillo de su yo enterrado hace tiempo. Antes ella le mostró quién era él, en el antes y el después.

Las techeun deberían haber sabido lo que podía hacer el Acorazado. Deberían. ¿No sintieron lo que él sintió? ¿Lo que él escuchó? Y aquel maldito queche no tenía protección. Tenían que saber eso. Todo para desplegar a los heraldos. Apenas habían llegado cuando el arma abrió fuego. Pensó en Petra y en lo abrumada que debía estar, obligada a mantenerse en su puesto y ver perecer a los suyos.

Trató de calmarse de nuevo, obligándose a respirar profundamente. Se dio cuenta de dónde estaba: Marte. Athabasca. Las islas Candor. Hacía mucho tiempo que no había estado allí, no desde que encontró el Jardín Negro.

La cuenta atrás de la desactivación del escudo palpitó. Volvió a intentarlo, localizarla, descubrir si realmente se había entregado para esta batalla. Se sintió cerca de algo, de un zumbido de luz estelar, luego la desactivación del escudo le rompió la concentración.

Salió, vio el daño sufrido por la nave y comprendió hasta qué punto la armada habría sido devastada.

En su desesperanza vio a cientos de sus drones cuervo, desplegados en Marte hace mucho tiempo, dando círculos alrededor de su nave, esperando.

"Bienvenido, amo". El que tenía más cerca habló primero y los demás lo siguieron, un estrépito de saludos resonó por el mar seco.

Y con eso, la esperanza volvió.

"Comenzad las reparaciones de mi nave de inmediato. Se ha perdido algo y me ayudaréis a encontrarlo".

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