Destinypedia
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El Príncipe Desdeñado

El Príncipe desdeñado es un libro de Historia en Renegados que cuenta la historia de la aventura del Príncipe Uldren Sov en el Jardín Negro y su corrupción después de la Batalla de Saturno. Las entradas se desbloquean al encontrar drones Cuervos dispersos por todo el sistema solar.

La extensión de la cadena | Parte I[]

"Jolyon, amigo mío", susurra Uldren Sov, "tú y yo tomaremos el Jardín Negro".

"¿En serio?" Jolyon Till el raquis, famoso entre los cuervos, francotirador, explorador, cuentacuentos y propenso a decir mentiras a gran escala al lado de Uldren. La extensión limpia de un rifle de la Supremacía, apoyada contra su hombro, casi le duplica la altura. "Escuché que tú y yo volaríamos hacia Saturno en una tina de baño".

"Hablo en serio, Jol".

"Y debes hablar muy en serio si vas a Marte, jo, jo, jo, jo. Alcance del objetivo: 2.900 metros. ¿Viento y rotación?"

"Viento a 21 Km/h desde tus tres en punto. Estás a unos dos grados con orientación al norte. A pesar de todo, iré. Realmente lo haré. ¡Tienes que venir! No te perdonarás jamás si te pierdes esto".

"¡No podré perdonarme nada si estoy muerto! Disparo listo".

"Fuego", dijo Uldren. La Supremacía estalla y golpea el hombro de Jolyon. Uldren ni siquiera se fija para confirmar que dio en el blanco. "Estuviste a mi lado en todos los eventos importantes, Jol. No puedo hacerlo sin ti. Además..." Abre su mano para mostrar el cartucho eyectado, que atrapó en pleno vuelo, más rápido que una cobra. "Si no lo hacemos, lo harán algunos guardianes y lo siguiente será que Mara los invitará para que hagan el trabajo de los cuervos".

Jol gira hacia su flanco derecho para mirar a Uldren. El amo de los cuervos hace su mueca más triunfadora; Jolyon Till el raquis entrecierra los ojos y golpea con una mano el cargador que sale disparado. Uldren lo atrapa. "Te pareces mucho a tu hermana", suspira Jolyon, "la diferencia radica en que, cuando ella juega sucio, no sonríe de esa forma tan descarada".

"Yo saqué el carisma de la familia". Uldren espera con paciencia para que Jol accione el mecanismo y quite el proyectil. Casi siempre gana este juego; casi siempre, pero a veces, Jol lo sorprende. "Nadie ha visto el interior del jardín. Imagina lo que encontraremos".

"¿Horrores indescriptibles?"

"¡Todos son indescriptibles si nadie tuvo la oportunidad de describirlos, Jol! "¡Nadie ha entrado allí! ¿No sientes intriga?"

"No. Porque tu hermana lo prohibió, Uldren".

"Por eso", dice con alegría, "sé que vale la pena el riesgo". Y porque los insomnes estarán emocionados ante otra historia sobre su estrecha oportunidad de supervivencia. Mara nunca comprendió realmente cuánta importancia tenían los héroes para las personas. Una reina es algo indispensable; pero un héroe, sabes lo que quiere, cuando perdió, y cuando ganó.

La extensión de la cadena | Parte II[]

Se supone que su partida es un secreto. "Nadie aparecerá", le asegura a Jol. "Nos escabulliremos en el apogeo. Cuando alguien nos vea, ¡ya estaremos aerofrenando en la bahía del meridiano!"

"Eres insoportable", dice Jol, "y cuando nos vayamos, toda la ciudad sabrá que tramamos algo".

"No lo sabrán".

Cuando se encaminaron hacia su nave, se encontraron con un paseo marítimo y tribunas repletas de hordas emocionadas de fanáticos y seguidores de Uldren. Él los saluda, voltea, sonríe regocijándose en un estado de ánimo tan perfecto que tal vez sea el último. Y si una pizca negra arde en su interior, es el miedo y la seguridad de que estas personas lo aman solamente porque es una persona cercana a su reina. ¿Acaso no se preguntan por qué continuamente está rompiendo sus reglas? ¿Por qué se aventura a alejarse de ella?

Quiere la aprobación de su hermana. Lo sabe y lo acepta. Pero quiere su aprobación por algo que ella no anticipó, no planificó o no previó, y no tuvo en cuenta: quiere que ella le agradezca con sorpresa.

Si no te lanzas lejos de alguien para probar la extensión de su cadena, no sabrás lo extensa que es hasta que te traiga de regreso. ¿Tiene algún sentido? Uldren cree que sí. Uldren teme que sí. Se realmente se liberó de su hermana, para estar a su lado o para hacer su propia voluntad, o la cadena es demasiado larga como para que él huya.

En el portal | Parte I[]

Dale la oportunidad a Uldren Sov de atormentar a un guardián y lo hará más rápido de lo que puedas gritar: "Rasputín le disparó al Viajero", una opinión que vocaliza dentro de las mentes de los guardianes cada vez que puede. Odia los tábanos del Viajero de la misma manera que cualquiera odiaría a un santurrón infantil con moral de libro para colorear y un pisapapeles quejumbroso e ignorante; son intrusos santurrones, seguros de sí mismos, instrumentales en un sistema que no necesitan entender. Lo que más odia de todo: la capacidad para moverse por el mundo sin importarle cómo funciona.

Así que les hizo a los guardianes todo lo que se le ocurrió: les disparó, los fusiló, los envió a misiones malditas, mojó a sus Espectros en el insoportable selenofenol apestoso, taladró agujeros para enterrar sus odiosos faros de patrulla en roca maciza, los engañó para que desarmen poderosas armas.

Pero cada vez que se mete en un tiroteo, se pregunta qué sería vivir sin sentir puro y total terror.

"¡Jolyon!", murmura, mientras que el goblin que está en la ladera lanza otra granada de azote hacia él. "Jolyon, ¿dónde estás?"

Nada.

La detonación de la granada resuena en los oídos de Uldren y fuerza el ingreso de ozono a sus senos paranasales con tanta potencia que estornuda. El goblin dispara en dirección al estornudo. Los fragmentos vidriosos de arena derretida rebotan de su cubierta y se despedazan en sonoras explosiones en el aire. Está a trescientos metros ladera arriba. Guardianes, cabal armados y vex temerarios pueden combatir a quemarropa; los simples mortales se quedan tan atrás que se les dificulta ver a sus objetivos. Lo infernal sobre los vex es que pueden teletransportarse. Uldren no está seguro si lo atraparon diez goblins o uno.

Una bala irrumpe en escena.

En el portal | Parte II[]

Un fluido radiolario salpica la arena. "Lo tengo", dice por radio Jolyon, sin aliento, "pero sé que me descubrieron".

La confirmación llega en un tiroteo de proyectiles de mortero de los cabal, municiones ingeniosas que se dirigen hacia ellos seguido del sonido de un disparo de un rifle. Por lo general, los cabal no los gastan en los vex. Algunos centuriones deben estar ansiosos por usar sus juguetes en los objetivos que no se pueden teletransportar. Uldren respira profundo, aliviado al escuchar el clic del interruptor del transmisor de Jolyon para avisarle que se encontraba bien.

Uldren se levanta, jadeando. Solo puede ver el portal del jardín. Por supuesto, todos saben dónde se encuentra. El truco está en ingresar...

El aire se pone borroso. Una agitada nube del flujo de vacío bloquea su vista y luego, en la explosión de un disparo, un minotauro vex avanza con vigor. Uldren maldice, lanza una granada de interferencia y corre.

"Tiene que haber una mejor manera de hacer esto", comentó jadeando. "¿Alguna idea?"

"Solamente la que odias. Labra el portal con una nave que se dirija a Mach 20"

"¡El portal no está activado! Incluso si logramos sobrevivir a las armas de los cabal, ¡tenemos que engañar a los vex para que abran la puerta!"

"Lo cual significa matar a un celador tan solo con nuestras armas..."

"No, no significa eso", dice Uldren en voz baja. "Tengo una idea principesca". Esto es por lo cual vive Uldren. Deslizándose entre medio de la muerte, rozando sus bigotes y lanzarse lejos de esas fauces filosas. "Interrumpe la comunicación. Ahora debemos ser sigilosos. Y luego tendremos que elegir algunos objetivos desafortunados…"

A través del portal[]

Se arrastran boca abajo por el desierto marciano como gusanos. Los mantos de camuflaje activados rompen sus siluetas. Las cosechadoras cabal que merodean cerca gruñen en el horizonte. Durante las últimas ocho horas, Jolyon estuvo eliminando infantería cabal con su rifle, huyendo de la erupción del contrafuego automático. Uldren escuchó cómo se abrían las redes de batalla a medida que se invocaban a las armas más poderosas para ser utilizadas. La máquina de guerra ya estaba encendida, desbordada de furia.

Jolyon toca el tobillo de Uldren. Escribe el código con las yemas de sus dedos. ¿A qué distancia?

"Cincuenta metros", murmura Uldren. "Si los vex saben que estamos aquí, no han..."

El aire se alborota. Gruñidos subsónicos de poder hacen temblar la arena. Algo poderoso se despierta bajo sus pies. "Olvídalo", farfulla Uldren. Los vex acaban de reaccionar.

Se quita el poncho, se irgue con su revólver y una granada de desvío en sus puños, en una carrera de gritos. Ante ellos sobresale del desierto marciano el aro inclinado y rodeado que es el portal del Jardín Negro, cuya dimensión es tan grande que podría tragar un esquife caído. Vibra con energía infinita.

De la apertura, emerge la silueta monstruosa del celador vex, metal y mente colisionando entre sí, autoensamblándose, listo para defender este lugar secreto. Los vex nacen aquí, lo que sería su bautismo: consagrados al servicio de un terrible propósito que las máquinas encontraron dentro de sí.

"¡Oye, grandote!", grita Uldren. "¡Por aquí!"

Con calma y cuidado, Jolyon Till el raquis comienza a disparar su rifle hacia el cielo. Los estallidos de los enormes cartuchos de la Supremacía se esparcen por las dunas.

El celador se eleva por encima de ellos. Uldren grita y dispara con la cadera un par de veces hacia la arena bajo sus pies. "¿Puede bailar, señor?", le ruge. "¿Tienes la agilidad?"

Dentro de la entidad vex, existen poderosos algoritmos que construyen un modelo de este lugar casi temporal, calculando las posibles amenazas, examinando la utilidad de los disparos de las armas contra lo eficaz que puede ser en otro lugar ese poder. Estos cálculos son la única razón por la que Uldren sigue vivo.

El micrófono óseo que sintonizaba los canales tácticos cabal se despierta ante la garganta de Uldren. Han localizado el sonido del rifle de Jolyon y responden. Le grita al monstruoso vex y comienza a bailar. "¡Lloverá en Marte! ¡Es la temporada de lluvias en la Bahía del Meridiano! ¿Acaso no viste el pronóstico?"

Toma a Jol de la mano y tira. Juntos corren hacia el celador y su carga. La máquina Vex debe saber lo que está por suceder, pero debe sopesar la seguridad del cabal en contra de la pequeña posibilidad de que estas motas microscópicas puedan llegar al portal.

El celador levanta su arma para destruirlos.

Se deslizan hacia el umbral del portal y Uldren activa la granada de desvío con tanta potencia que casi se quiebra el pulgar. Una esfera perfecta de espacio-tiempo topológicamente defectuosa parpadea alrededor de él. Mantiene a Jolyon cerca y juntos calman su respiración. La barrera es impenetrable, pero no durará mucho. Hasta entonces, hay poco oxígeno para respirar.

Afuera, la furia total de la flota de un transportador cabal aterriza cerca del celador.

Cuando la barrera se desvanece, el celador está muerto y Uldren junto a Jolyon han desaparecido de Marte.

En el jardín[]

Uldren y Jolyon se agrupan, temblando debajo del follaje de lenguas blancas. Cae un diluvio. Uldren no puede descifrar de donde viene con exactitud; ¿de algún lugar arriba de la neblina verduzca? Pero la lluvia cae sin cesar; él y Jolyon elevan sus mentones para beber, aquí en el fondo de un abismo entre dos campos de flores, donde la superficie inmaculada del jardín se divide en un hedor tropical.

"Aquí todo crece", susurra Jolyon. "Observa tus uñas".

Uldren revisa su mano. Ve una imagen atroz de sus uñas desarrollándose en bucles curvos hacia abajo que se enroscan de nuevo en sus dedos, completando un círculo asqueroso hasta su raíz. Es horrible y a la vez maravilloso, de una manera transgresora, de una manera en que un niño llora al nacer. Le habla de las cosas nuevas y secretas que suceden aquí. "Están sucias", dice, "pero confío en que me perdonarás por eso. La lluvia no cesa. ¿Avanzamos?"

"Sí". Jolyon se levanta con un puñado de enredaderas reptantes. Intentan presionarle la muñeca. Unos pequeños dientes con forma de letras marcan su piel. Las mira fijo, comienza a decir algo y tira de su brazo.

"¿Te encuentras bien?"

"Sí, por ahora", Jolyon susurra. "Por ahora".

Se mueven por la extensión del abismo, la niebla verde arremolinándose por encima de ellos, un abono húmedo de pétalos de flores y tierra negra los cubre hasta los tobillos. Unos escarabajos planos pero amplios con cuernos arqueados luchan en la tierra. Uldren pone uno boca arriba. El escarabajo no tiene interior: visto desde abajo, es solo una coraza hueca. Jolyon levanta un helecho y sus raíces son hilos metálicos que se ramifican en un tablero de circuitos. Unas pequeñas cosas que se retuercen con forma de microchips mojados muelen la tierra expuesta.

"No me gusta este lugar", susurra Jolyon. "Debemos regresar a la superficie…"

Hace referencia a la superficie del jardín, los sectores cuidados de las flores rojas que se extienden hacia la meseta distante. Pero es demasiado como los vex, piensa Uldren. Estuvieron aquí, haciendo jardinería, moviendo la tierra, construyendo paredes, irguiendo constructos antiguos de piedra y luz. Intentando domar el lugar.

"Es la vida", responde en un suspiro. "Tienes razón, Jol. Todo crece aquí…"

Debe impedir que se extermine este lugar. No puede permitir que lo saqueen y lo derroquen como a todo lo demás que no respeta los dogmas binarios estrechos de los guerreros no-muertos del Viajero. El entusiasmo se apodera de él y corre hacia adelante, chapoteando en la suciedad, riéndose a carcajadas.

"Uldren", le grita Jolyon, "¿qué estás buscando?"

"¡No lo sé!", le responde a gritos. "¡Eso es lo increíble! ¡No puedo saberlo!"

A la caza[]

Rastrean al último soldado cabal del lugar de la masacre, avanzando por los campos de flores, siguiendo las gotas de aceite negro que escapa de la presión del torniquete del legionario herido. Uldren se mueve con una cólera fría, despiadada. Guerra, aquí en el jardín. Insignificante y detestable guerra, puesta en este lugar por alguna expedición cabal torpe. Obtuvieron lo que se merecían. Hay que dejar que el jardín se cure a sí mismo, ¿no es así? Se le debe permitir evolucionar sus frutos secretos…

Se sumerge el terreno. Las flores rojas se desvanecen hasta convertirse en hierbas bajas, entretejidas. El viento sopla... suaves palabras, oraciones con el comienzo de la sintaxis, la cadencia un tanto musical. "Mancha de cerebro", murmura Jolyon, temiendo la infección de una idea contagiosa. "Deberíamos…", pero su voz se apaga cuando ve a Uldren avanzar hacia adelante, hacia un valle bajo, deslizándose con facilidad por la maleza enmarañada. Vex. Aquí hay vex, docenas de goblins y minotauros, tiesos como estatuas y cubiertos en musgo, en un anillo como si fuera un círculo robótico. Cantan de forma tenue, notas fantasmales de una claridad inhumana. Uldren sabe lo que debe ser este lugar.

El legionario cabal se acurruca detrás de una piedra. Uldren gatea hacia adelante. Para cuando la cosa herida que brama sabe que está allí, él tiene un cuchillo presionado contra su casco, justo por encima de la hendidura de sus labios y el suave tejido debajo. "No te muevas", dice en ulurant. "No hables. Este cuchillo está afilado a nivel atómico".

"Me di cuenta", gruñe el legionario en su lengua materna. "Está a la altura de mis ojos. Casi me estás rasurando los vellos del mentón".

"¿Sabes dónde te encuentras?"

"¿En el peor lugar que alguien haya ido jamás?"

"Dices eso porque no puedes sentir la fragancia del ambiente", dice Uldren. "Es dulce. Como el polen y el trueno. ¿Por qué viniste a este lugar?"

"Ni por casualidad vine por cuenta proipia, zeñor. Los robots de la leche nos abdujeron".

Los susurros tomaron una suave pizca de gramática Ulurant, lo cual confirmaba la sospecha de Uldren. Este es un lugar donde los patrones abstractos luchan por la supervivencia y pelean para propagarse al cazarse unos a otros. Los vex están cantando para ver cómo el jardín cambia su canción, e incluso esta conversación fertilizó el aire. "¿Por qué están aquí? ¿Qué quieren?".

"Vinieron a rezar, zeñor. Se están convertiendo en recipientes de ellos mismos. Son lo peor que ha existido, zeñor. Se comieron la existencia".

"¿Cómo sabes esto?".

"Oh, por las semillas, señor", dice el legionario. "¿Las puedes ver?". Y sin dudarlo un segundo, presionó el botón de emergencia médica de su casco. El sello de presión se rompió y salió un anillo de gel negro, silbando. El legionario se desplomó. Su casco cayó sobre su amplio regazo.

Bajo la capa de gel, toda la superficie de su cráneo tiene la textura con agujeros de una frutilla. Miles de pequeñas semillas brillan en la piel del cabal. Uldren toca la piel con fascinación.

"Uldren", comunica Jolyon por la radio, "en verdad no me gusta la expresión de tu cara".

"Este lugar tiene secretos", responde el príncipe en un murmullo. El micrófono óseo se siente frío e inorgánico, como una mala pareja para su piel, comparado con las tibias y numerosas irregularidades del cráneo deformado del Legionario. "Tantos secretos... Crecieron en él, Jolyon. El jardín hizo crecer secretos en él".

"¿A quién le importa?", responde irritado Jolyon. "Su alteza, debemos irnos de aquí. ¡Antes de que nos pase lo que sea que le pasó a él!".

Uldren se da cuenta de que Jolyon les teme a los secretos. Lo desconocido lo aterra. Lo cual es bastante sensible. Muy racional. Es la actitud de un buen explorador, un buen soldado, un sobreviviente.

Pero Uldren no puede dejar de imaginar lo impresionada que estaría Mara con este lugar. ¿Y si la pudiera traer aquí? ¿Y si pudieran explorar este lugar juntos?

Después del corazón | Parte I[]

"Mara, recogí flores para ti".

El séquito de la Reina se divide para dejar pasar a Uldren. Ojos asombrados ven su cara, sus heridas y las flores en macetas que lleva en sus manos. Algunos ven un hombre loco y llevan sus manos a sus armas, antes de recordar que es Uldren Sov, príncipe de los insomnes, beneficiario de la infinita indulgencia de la Reina.

"Se llaman asphodelias". Se arrodilla y le ofrece las flores a su hermana. "Solo crecían en el Jardín Negro... hasta hoy. Las plantaremos aquí, en nuestro dominio, donde sé que echarán raíces y florecerán. Le recordará a la gente sobre nuestra herencia gemela".

Por un momento, el rostro de Mara era imposible de leer. Luego sonríe y lo invita a acercarse. "Nuestro hermano ha alcanzado el Jardín Negro y lo ha devuelto a nosotros. Acércate". Toma un pétalo de la flor y lo posa sobre la punta de su dedo. Lo levanta hacia la luz. "Magnífico. "Illyn, encárgate".

Se lo entrega. Uldren evita sus reclamos. Había esperado que lo plantara ella misma.

Después, en privado, está callada y quieta. Le cuenta todo lo que recuerda. "¿Viste el corazón?", le pregunta, con suavidad.

Después del corazón | Parte II[]

"El corazón...", Uldren considera la pregunta de su hermana. Luego de un tiempo, sus recuerdos se vuelven confusos. Estaba corriendo por una arboleda espinosa, y las ramas estaban rasguñando sus mejillas. Unas frutas gigantes y húmedas golpeaban sus hombros y detonaban en una explosión de pulpa demasiado madura. Frutas con forma de Espectros hinchados y pesados. Estaba encogido con Jolyon bajo una telaraña densa, manteniendo su respiración, mientras escuchaban voces que discutían justo afuera. Sus latidos... ¿eran sus latidos? ¿O los de otro?

Estaba en un bloque de departamentos. Puede recordar eso. Estaba sentado en la lavandería, un lugar con piso a cuadros negros y blancos, mirando sus cuervos dar vueltas y vueltas en la secadora, mientras las plumas negras se revolvían y los picos chocaban en el interior. Una cabal vieja y grande estaba sentada en la tina a su izquierda, limpiando su espalda con un cepillo metálico. Un goblin vex con la cara de Alis Li en su estómago estaba detrás del mesón, vendiendo detergente. "Uldren", dijo, "tienes un agujero". La cabal gruñó para indicar que estaba de acuerdo. Miró hacia abajo y notó que había un agujero en su mano, negro y perfectamente redondo. Su secadora se quedó sin tiempo, pero sus cuervos seguían mojados.

"Uldren". Mara lo estaba sacudiendo. Normalmente no toca a nadie. "¿Viste el corazón?".

Parece lo más natural del mundo que un jardín deba tener un corazón. "Los vex tienen el lugar infestado", le dice. "Les da algo que anhelan. Los... hace crecer hacia lo que quieren ser".

"No respondiste la pregunta", dice Mara con frialdad. Es una observación completamente sensible. Es lo más extraño que Uldren le ha escuchado decir.

"Lo que sea que es el corazón de ese lugar", dice, caminando de un lado a otro, "es una semilla, creo. Una semilla que dejaron atrás para crecer. Como un... nodo de lumen. O...". La idea lo golpea como un relámpago. "O una trampa. Una carnada para atraer a aquellos que buscan y destruyen lo que no entienden".

Una carnada para guardianes. Una carnada para conmemorar un logro en la recuperación del Viajero.

"Te dije que nunca fueras ahí", le dice Mara. Sus ojos queman. Se acomoda su capa con firmeza. "¿Estás dedicado a mí?".

"Hermana", le dice, "claro que lo estoy".

"Y aun así me desafías".

"Sí", piensa Uldren. "Sí, ¿no son esas cosas lo mismo? ¿Cómo podría interesarte algo que nunca te sorprende?"

De pronto, se siente completamente solo.

Jolyon[]

Cuando ve a Jolyon en el arsenal, la comprensión de su propia increíble, desconsiderada y vergonzosa tosquedad hace que Uldren grite del horror. "Oye", dice, de forma brusca. No está seguro de cómo disculparse. No ha hablado con Jolyon desde que volvieron del jardín. No elogió a Jolyon con la Reina, hizo una celebración por su valentía ni le preguntó si estaba durmiendo bien después de... después de todo. Se olvidó de él.

"Oye", dice Jolyon, sin mirarlo. "No fuiste a las montañas ayer".

"Vamos, ni siquiera necesitas un observador", dice Uldren, intentando molestarlo. Pero suena plano y despectivo. "He estado, eh..." Soñando. Registrando sus sueños. Revisando fervientemente las bibliotecas originarias, buscando una confirmación para lo que su corazón tan desesperadamente quiere que sea verdad. El futuro de los insomnes podría estar en ese jardín. Hay un manantial de Luz en la Tierra, una baliza cegadora que solo se volverá más brillante. Los insomnes no sobrevivirán, no como son ahora; la visión de Mara y la verdad de sus orígenes se perderá, será diluida por la filosofía calmante de los ideólogos nacidos en la ciudad. Los guardianes matarán todo lo que encuentren.

¿Y si el jardín es la antítesis del Viajero? ¿Y si los insomnes pueden encontrar en ese jardín un lugar de equilibrio, un potencial igualitario entre la oscuridad y la luz? A medida que la luz se vuelve más brillante y las sombras más profundas...

Jolyon está diciendo algo. "Disculpa", dice Uldren, acomodando su revólver. "¿Qué dijiste?".

"Dije que deberíamos hablar de lo que pasó ahí".

"¡Sí!" Ahora se da cuenta del miedo que tenía de que Jolyon no notara la importancia del lugar. Asco y miedo, sí, son respuestas naturales, pero debe ver la imagen completa. "Sí, debemos registrar nuestras todas nuestras observaciones antes de que se desvanezcan. Debí pedírtelo antes...".

"Uldren, no quiero que nadie sepa lo que vimos".

"Ah". Esto prende un pequeño fuego cálido en sus entrañas. "Por supuesto. Nadie más tiene que saberlo. Nuestros secretos compartidos, ¿mmm?".

"Desearía no recordar lo que vi", Jolyon dice, hurgando el gatillo de su rifle. Golpea el suelo como una campana apagada y rueda bajo su banca. No se agacha a buscarlo. "Y no guardo secretos".

Uldren piensa en eso por un momento. La profunda verdad lo golpea como una ráfaga de viento frío. "¿Así que no los guardas?" Jolyon sabe exactamente de dónde nació, de qué linaje. Sus habilidades como tirador son conocimiento público. Como uno de los cuervos de Uldren, participa en peligrosas misiones de vigilancia, pero no es un operativo encubierto. Uldren sabe... todo sobre él.

"¿Irás a las montañas mañana?", Jolyon pregunta, de forma demasiado casual. "Pensaba que podríamos ir a disparar algunos cargadores".

"No mañana", dice Uldren. "Tengo trabajo que hacer". Ya se está imaginando cómo reaccionaría Mara si intentara ocupar la Máquina del Oráculo en el jardín. Lo que aprendería... lo que ella seguramente querría saber...

Después de la caída[]

Está muerta. Él vive ahora en un estado de temor perpetuo. Odia el futuro, porque le teme. Tiene miedo de su vacío y no puede imaginar la solitaria eternidad sin ella. Mientras se tambalea por el borde del precipicio marciano, puede sentir cómo lo llama el vacío, implorándole que se una a ella. Para terminarlo todo. El calor del lugar lo empapa de sudor. El chasís muerto de uno de sus viejos drones cuervo, colgando de su espalda, se siente como si estuviera comprimiendo sus costillas, empujando sus pulmones contra su esternón, expulsando su aliento.

Necesita el dron para reparar su nave. De nuevo. Debe escapar de Marte. Debe empezar a buscarla.

El peso del dron cuervo lo bota y lo deja en manos y rodillas. Su vista da vueltas, estrellas y heraldos brillantes vuelan por el anillo planetario y una muralla de luz terrible, y ve el momento en el que el acorazado le quitó todo, el momento en el que su hermana al fin se quedó completamente sin planes secretos. El instante en el que cesó todo el sonido y gritó en negación y aun así, a pesar de las súplicas de su alma de morir con ella, activó el escudo de desvío que salvó su vida.

Se arrastra hasta poder descansar en la sombra de un bloque vex.

Se estrelló en las islas Candor, no lejos del portal al jardín. El lugar donde vio otro camino para los insomnes. ¿Por qué Mara nunca aceptó su invitación?

La ha estado escuchando. Alucinaciones de sed, seguramente. Pero está ese murmullo, ese susurro, esa emoción de luz de estrellas en su cráneo...

Una bandada de sus drones cuervo encontró el lugar del accidente y reparó su caza. Alcanzó la mitad de la velocidad orbital cuando un arma cabal lo quitó del cielo y lo envió a la Cuenca Hellas. Ahora sus cuervos están muertos y el caza probablemente tenga daños irreparables. Y su hermana está muerta. Su hermana está MUERTA. Él y toda su gente la seguían porque todos estaban seguros de que tenía un PLAN. Siempre tenía un PLAN, algo mejor que MILES MURIERAN POR UNA CIUDAD A LA QUE NO LE IMPORTA.

Debería irse a casa. Debería irse a casa. Si es que encuentra una forma de hacerlo. Pero ¿tendrá la fuerza necesaria? No puede ser el campeón que amaban. No puede recuperar su fe en el propósito de los insomnes o en el de su hermana. Ya no cree.

Este mundo se convirtió en un cadáver. Las cicatrices del paso de los guardianes. Las fortalezas cabal apestan a descomposición y están llenas de carne, hueso y armaduras rotas. Los chasises destruidos de vex contaminan las arenas. Un lugar de muerte, de guerra y muerte, una guerra que se balancea en el fulcro del Viajero, una guerra traída por las marionetas de ese Viajero, ese fulcro de guerra.

Tiene algo en el ojo. Pestañea una y otra vez para intentar sacárselo, y mientras lo hace, se esfuerza por escucharla, por sentir ese cosquilleo de luz de estrella bajo su piel. Ella le dirá que va por el camino correcto. Ella le dirá que sigue con vida.

No siente nada.

Reyes[]

Cuando al fin lo arrastran ante el kell, ya había sido transformado por semanas de abuso, semanas de palizas y carreras forzadas y condiciones de animal encerrado, en un hombre feliz.

El poderoso kell de reyes le dice, clara pero no brevemente, lo que piensa de él. El Príncipe Uldren de una casa arruinada, el peor de dos hermanos, vencido por Skolas, cegado por Variks, peor que una escoria, desperdiciador de flotas, último de la nobleza insomne, último de su clase.

Cuando Uldren lo mira, ni siquiera necesita decir la verdad. El kell de reyes nombró a Uldren, y al hacerlo, se nombró a sí mismo. El gobernante roto de una casa rota. El último kell.

"Puedes hacer lo que yo no puedo", el kell le dice a Uldren. "Tú, cosa rota y golpeada. No tienes orgullo, así que no perderás nada cuando digas lo que debe ser dicho. Es el ocaso de los caídos, y debemos bajar nuestros estandartes".

Y con las protestas gemidas y gruñidas de su corte, el kell de reyes se arrodilla ante Uldren. "Me arrodillo ante ti", dice, "porque en tu ruina y desgracia aguantas la debilidad que nosotros no podemos. Les dirás a los elixni que deben bajar sus estandartes. Les dirás que debemos rendirnos mutuamente. Debemos dejar de lado nuestras rivalidades o no sobreviviremos. ¿Harás esto por nuestra gente moribunda, príncipe de otros?".

Lo hará. Conseguirá soldados, naves y recursos para empezar la búsqueda. Los encontró, él mismo, al arriesgar todo y sobrevivir. Como siempre lo hace.

La siente en su corazón. Todavía está por ahí. Lo necesita más que nunca. En el foso de su sufrimiento, escuchó claramente su voz, como la vez que se le apareció cuando estaba siendo molido a golpes en una pelea en gravedad cero. Todavía está esperándolo, y todo estará bien. Estará para ella. Estará bien.

Fanático | Parte I[]

Ha mantenido silencio por mucho tiempo.

Todo el sistema solar se queja por las heridas de la guerra. Uldren vive en constante sufrimiento, un dolor anestesiado y punzante que lo lleva al éter y otras distracciones peores. Nunca ha sentido la Luz tan fuerte. Nunca había sentido un dolor tan profundo. ¿Cuántos siglos pasó con su hermana? Y cuán rápido se ha desintegrado sin ella...

¿Por qué no le habla?

El Arrecife se quema a su alrededor. Asteroides fragmentados y hábitats rotos derraman restos brillantes de escombros. No hay nada más crudo y radiante que escombros alumbrados por el sol en el vacío. El Arrecife es gigante, pero también denso. Sus estructuras y gente se reúnen en grupos apretados contra la enormidad del espacio. Oryx y la Legión Roja crearon agujeros gigantes en el Arrecife. Ah, si tan solo Uldren le hubiera dicho a Petra que la Legión rota de Tra'ug's era un caballo de Troya; pero Uldren no tiene nada que ofrecerle a un "gobernante" que entrega a su gente al Viajero. La pequeña Petra siempre ha buscado la aprobación de Mara. Siempre ha querido congraciarse a sí misma. Pero ella jamás ha comprendido lo que es Mara; nunca ha estado dispuesta a tomar el camino difícil para ganarse la confianza de Mara. Esa es la razón por la que Mara no le habla a Petra.

Pero Mara tampoco le habla a Uldren últimamente.

Él patea el casco destrozado de la corbeta. Él y los reyes han estado haciendo incursiones en el cinturón de asteroides, derribando la transportación dirigida hacia la Tierra, intentando desestabilizar aún más al Arrecife. Uldren ha matado a sus propios súbditos, y al principio eso lo dejó desdichado y sintiéndose culpable, enrollado en la incómoda celda donde duerme. ¿Pero acaso Mara no había llevado a cientos de sus súbditos hacia su muerte por un bien común, que seguía siendo enigmático? ¿Qué hay de distinto en esto?

Ella siempre había encaminado a su gente hacia el altar. Los insomnes son peones para su estrategia. Depende de Uldren volver a encaminar su estrategia.

"¡Mara!", él grita hacia la luz estelar. Ha llegado demasiado lejos para tener que rogar ahora. Ha hecho demasiado. Él exige su respuesta: "No estoy enojado. Te perdono por... por sacrificarte para salvarlos. ¡Pero debes responderme, ahora! ¿Estoy en el camino correcto? ¿Estoy más cerca de encontrarte?"

Tiene a la Casa de los Reyes como aliados. Sus incursiones en el Arrecife han forzado a Petra a retroceder, consolidarse, a proteger a sus ciudadanos en lugar de colaborar con los guardianes. Pero, ¿acaso está él más cerca de Mara? ¿Él ha...? ¿Puede confiar en él mismo para hacer esto?

Siempre quiso sorprender a Mara. Hacer que ella recalculara sus planes.

Pero sería de gran ayuda para él saber que ella previó un poco de esto... tener la certeza de que se dirige en la dirección correcta...

"¡Mara!", él llora, parpadeando contra la inflamación persistente de su ojo derecho. "Hermana, ¿me abandonaste?"

¡Obtiene una respuesta!

Fanático | Parte II[]

Solo un susurro, un roce de consuelo, un simple estremecimiento... Uldren, mi salvador...

Él sigue la voz. La violencia de sus quemaduras por el propulsor magulla su cuerpo. Abajo de la tambaleante corbeta, hasta el asteroide enganchado abajo, donde los sirvientes destrozados y los restos de aguijones marcan el sitio de una batalla perdida: Guardianes emboscando una fiesta de caídos.

Los químicoceptores de su traje detectan un rastro de éter. Él lo sigue.

Y ahí está. Un arconte caído, destrozado en el polvo. El éter silba atravesando la entrada y la salida de las heridas cauterizadas por brutales llamas solares: la marca del Arma dorada. Uldren sisea molesto mientras rastrea las huellas de los guardianes en el polvo. Debieron marcharse rápido, sin duda a cultivar otro sitio donde los esquifes desciendan con equipo de excavación.

Él examina las heridas del Arconte. Letal. La víctima se estremece, temblando debajo de las manos de Uldren. Él ansía hacer algo, lo que sea, para aliviar la muerte del pobre soldado. Tener el poder que algunos dicen que tenía su hermana, poder salvar solo por acercarse...

¿Él lo desea? ¿Desea poder salvar a este pobre?

¡Sí! ¡Sí lo desea!

Sus ojos arden con lágrimas de empatía mientras trabaja para atar las heridas del arconte. Sus manos son veloces y delicadas, y él solloza con la fuerza que tiene su odio contra los guardianes que hicieron esto. Mientras que las lágrimas manchan las heridas del arconte, el éter que corre por los dedos de Uldren lentamente se vuelve más denso, más oscuro y más nocivo. Él no se percata al respecto.

Finalmente, se inclina para frotar sus nudillos contra sus ojos... irritados, siempre están irritados. Bajo el casco sin etiqueta, cuatro ojos muertos se abren con asombro. El arconte escupe una palabra, los restos destruidos de una alucinación moribunda, llamando a quien quiera que él esperaba que lo recibiera en la vida después de la muerte: "¿Padre?"

La ruptura[]

Él ha llegado al punto de percatarse que ya no importa si no sabe qué hacer, o si está haciendo lo correcto. Lo que realmente importa es lo que él quiere. Si quiere encontrar a Mara y salvarla, si quiere hacer lo correcto con la determinación suficiente, si sus intenciones son buenas y poderosas, él encontrará la manera; solo debe creer en sí mismo. Ya no más análisis paralizadores, ni arrepentimientos dolorosos... él debe avanzar sin dudarlo.

Los insomnes son una creación hermosa. Él los debe mantener a salvo. Los secretos están a salvo.

"¿Hermana?", pregunta al muro de su habitación. Últimamente, entre los episodios de euforia, ha estado durmiendo por mucho tiempo. Algunas veces le toma una hora poder levantarse, y otra hora para colocarse la armadura. ¿Qué acaso vivir no fue sencillo alguna vez? ¿No podía hacer todo solo por querer hacerlo? La chispa lo abandonó, la chispa de la posibilidad de obtener la confianza de Mara. Necesita recuperarla.

Ven a casa, le dice el muro. Es hora de venir a casa y tomar tu corona...

Se pone de pie en un salto. ¡Sí! Vuelve a querer algo, quiere algo más que solo permanecer ahí aturdido... Quiere mostrar su rostro ante su gente insomne. Él quiere una celebración para darle la bienvenida, quiere dar un gran discurso aceptando el reinado, quiere aterrorizar y agitar a su gente con la ferocidad de su necesidad de salvar a Mara. Los insomnes han sobrevivido a mucho. Él les dirá que no necesitan sobrevivir más; que el fin está cerca, el fin del largo plan.

Se dirige hacia el puente queche. "¿Qué noticias hay sobre el Arrecife?", ruge. Un aguijón arroja el sonido a sus oídos.

La voz de Petra. Petra, quien se atreve a reemplazar lo que no necesita reemplazo. "Cayde, los blancos están en el cráter ahora mismo. Mis escuadras están en posición de bloqueo. A quien tengas, convócalo.

Guardianes. Petra y los guardianes trabajando juntos. ¿Acaso Mara quiso esto alguna vez? Uldren piensa que no. ¿Es posible que sea demasiado tarde para él? Que los insomnes ya... ¿no sean insomnes? ¿Arrullados por la ausencia de su hermana en el trance del Viajero...?

"Establece una ruta para el puesto de Vesta", dice, frotándose los ojos. "Prepara esquifes para una inserción camuflada. Le pondremos fin a Petr..."

"¿Qué estás haciendo?", un capitán de los reyes gruñe en su oído. "La Casa de los Reyes está muy satisfecha con el estado de insubordinación de dominio de los insomnes. Y si interferimos, definitivamente atraeremos a los guardianes..."

Insubordinación. Ella jamás habría tolerado esto. "Ah", dice Uldren, cuidando mantener un tono de voz ligero. "Sí. Por supuesto". La irritación en sus ojos vuelve, y él descubre que tiene un nuevo deseo. Algo nuevo que quiere con tenacidad.

Fikrul[]

El arconte al que salvó se llama Fikrul, y él venera a Uldren como a un padre y a un dios. Uldren comprende, ahora, qué fue lo que los unió. Cada uno ve un futuro para su destrozada gente... un futuro que jamás podrá ser conseguido mirando hacia atrás. Fikrul le dice a Uldren cómo los caídos quedaron paralizados por su dependencia a las máquinas; cómo se aferraron a la tradición en lugar de arrojarse al abismo, en búsqueda de un renacimiento a través de la extinción, y generando nuevas especies.

"Yo siento lo mismo", dice Uldren a Fikrul, tallando un modelo miniatura de una galeota en un lingote de acero. "Decimos que existimos en la delgada línea entre la oscuridad y la luz, Fikrul. Pero mi gente siempre ha ido por el mal camino con facilidad".

"¿Qué futuro ves para los insomnes?" Le pregunta Fikrul.

¿Qué futuro? ¿Después de que encuentre a Mara y la salve? Se percata de que no tiene importancia para él. Pasó demasiados siglos acechando el perímetro de la sociedad insomne, luchando contra los desafiantes, los espías, escondiéndose, haciendo el trabajo sucio de Mara... Nada tiene valor excepto en su relación con las conspiraciones de Mara.

Ni siquiera él mismo.

"En lo que a mí respecta, se pueden morir", dice, con un toque perverso que nunca esperó de sí mismo. ¿Qué acaso no quería salvar a su gente? No, no. Mara estaba dispuesta a destruirlos para sus propósitos... los insomnes no tienen valor en lo absoluto, excepto al servicio de su estrategia. "Si parte de ellos sobrevive... será la parte que valga la pena".

¿Él desea la extinción de los insomnes? ¿Eso es lo que realmente desea?

"Tenemos trabajo por hacer", le dice a Fikrul. "La Casa de los Reyes se ha convertido en, ah, una inconveniencia para mis planes. Yo deseo..." Mueve su cuchillo. "Retirarme".

Fikrul mira atentamente desde sus propios cuchillos. Éter oscuro hierve como niebla alrededor de su rostro. "¿Es la hora? ¿Les enseñamos ahora mismo el futuro?"

Acorralamiento[]

"Al final, sin honor", jadea el anterior kell de reyes. "Sin fe y falso. La voluntad de tu hermana nos mantuvo fuera del alcance de la gran máquina, Uldren Sov. Ella desafió a los lobos por derechos de noble linaje. Pero tú... tú te escondes en las sombras y en la suciedad. Te escondes detrás de tus hematomas como una escoria".

"Qué curioso que menciones eso", se burla Uldren. Él sabe que se está burlando, pero esta cosa indigna se lo merece. ¿Qué es lo que el kell de reyes siempre quiso? Ir hacia atrás. Más sirvientes. Más maquinas. Más del pasado. Uldren ahora ve que la extinción es solamente el comienzo: que los huesos de lo que te puedes convertir pueden actuar de forma más poderosa que la carne que dejas atrás.

"Fikrul".

Sirvientes destrozados y caídos muertos se ciernen en montículos congelados de éter detrás de Fikrul. Él se aproxima silencioso, corpulento, terrorífico, con su tocado destacando la luz del fuego en bloques de sombras y humo. Trae consigo dos dagas de choque.

"Somos los últimos de nuestras especies", le dice Uldren al kell. "Mi hermana ya no está. Al igual que la idea de tu gran máquina. ¿La diferencia entre nosotros?" Se acerca para decirlo entre dientes. "Mi hermana volverá".

En cuatro cortes ágiles, el arconte de los barones desdeñados acorrala al kell de reyes. Uldren destruye el emblema de la Casa de los Reyes que colgaba del nuevo cinturón de la escoria, y lo sostiene en lo alto para que todos lo vean. "Los Reyes están muertos".

"Que viva el Rey", exclama Fikrul con un rugido reverente.

Petra[]

Después de eso, Uldren y Fikrul se separan por un tiempo.

Fikrul se dirige a su trabajo sangriento, remodelando la sociedad caída de la misma manera en que un martillo remodela una araña... y conservando ciertos elementos útiles para él.

Uldren regresa a su solitaria búsqueda de Mara. Él recuerda una época muy antigua... explorando con los cuervos, explorando con un joven corsario que lo que más quería era ser definido por su ira...

Probablemente también pueda salvar a Petra.

La encuentra en Tierra de ladrones. ¿Qué hace ella aquí? Mara jamás se habría rebajado a esto, a intercambiar información con un criminal en uno de los lugares más bajos de...

"Así que quedan pocos de nosotros", él le dice, y en ese momento, al ver la humillación en su mirada, sabe que ella se fue hace mucho tiempo. Ella no tiene salvación.

Durante esa noche, él llora por Petra. Mara acude a él en la oscuridad. Ella escuchó su angustia. Él levanta la vista, asombrado: su hermana, enviando a su voluntad y sabiduría para cuidar de él. Es en ese preciso momento en el que él sabe que todo estará bien.

Libre | Parte I[]

"¡Admítelo! ¡Admite que encerraste a mi hermana en la Ciudad Ensoñada!"

"No lo hice", contesta Illyn. "Ella no está atrapada, Uldren. Ella está muerta".

Uldren sabe la verdad ahora, y quiere que las cosas estén bien; lo quiere con tanta voluntad que sabe que nada de lo que haga en búsqueda de este deseo puede estar mal. "Mentiras de bruja", escupe él con palabras venenosas. "¡Ella está viva!"

Illyn aguarda en silencio durante un tiempo. Después: "Sabíamos que vendrías", le dice ella, con calma desafiante. "Estás perdido, Uldren".

"Sabían que vendría, ¿pero nunca me buscaron? Mi hermana te quitaría los ojos por eso".

"Tu hermana no necesita nada de nosotros ahora, Uldren. Ni siquiera a ti".

La rabia es casi suficiente para provocar que él la mate a ella. Pero él sabe que Mara no lo aprobaría. Ella está con él ahora; a pesar de que no en una forma corpórea, en una forma sustancial, y baila en el borde de su vista. Estás muy cerca, ella susurra. Libérame de este lugar, Uldren Sov...

"Perdiste la cabeza", dice Illyn, con empatía repulsiva. "Yo también casi la pierdo, cuando supe que ella se había ido. ¿Por qué viajas con esa... cosa? ¿A qué viniste?"

"Vine a terminarlo", le dice Uldren. Incluso intenta esbozar una sonrisa, porque está siendo honesto. Él está diciendo la verdad. "Me di cuenta de que fue muy tonto de mi parte intentar sorprenderla. Todos existimos a través de su diseño, Illyn. Todos actuamos solo con su consentimiento. Yo voy a salvarla, porque ella necesita que yo la salve. Cuando necesite que muera, moriré. Y cuando ella haya terminado su gran estrategia para los insomnes, ellos también morirán. Es la recompensa que tanto nos merecemos, porque le debemos todo a Mara. Estaría... mal de nuestra parte si sobreviviéramos a nuestro propósito. Créeme. La vida sin ella es peor que... peor que..."

Comienza a ahogarse. No lo puede describir. En el borde de su vista, Mara lo observa con el corazón roto, con la preocupación y cuidado amoroso que él siempre quiso de ella.

Ese mismo día, él se rinde ante el Arrecife.

Libre | Parte II[]

Lo llevan dentro con un equipo de asalto completo, y uno de los francotiradores, uniéndose a Uldren y a sus carceleros en el punto de extracción, lo mira fijamente a los ojos, como si le estuviera haciendo una pregunta. Un hombre alto con un gran rifle. Estrechos ojos inteligentes. Apuesto. ¿Él es... alguna vez Uldren quiso algo de él? ¿Algo importante? Uldren se frota los ojos distraído mientras el hombre lo mira fijo. Frunce el ceño. Pero no puede descifrarlo.

Lo conducen a un discreto muelle de aterrizaje, en uno de los niveles inferiores del Presidio de los Ancianos. Cuando su unidad de contención se abre, el brillo y la niebla trazan la silueta de una exo de resplandecientes ojos azules, y una mujer con su arma surge. Es Petra.

Se queda ahí, en silencio. Él sabe que ella quiere matarlo. Él sabe que ella desea decir: "lo hiciste bien".

"¿Ella te habla a ti?" Sus palabras son cortantes y directas. "¿Qué dice?"

Uldren cierra los ojos y deja que la voz de Mara lo inunde. Él está aquí, en el corazón de la fuerza de Petra, en la prisión que ella cuidadosamente trató mientras todo lo demás se desmoronaba. Él es débil y está atado. Estas son las fortalezas que su hermana jamás tuvo: la resistencia a la humillación, y la supervivencia a la derrota.

"Ella dice..." Él levanta la cabeza para encontrar su mirada, y se estremece. Ella lo mantiene bajo la vista de su arma mientras se retira, paso a paso. La exo avanza para cubrirle la cabeza con una bolsa negra. "Ella dice..."

"Libérame".

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